Antes de que me lo preguntes, la imagen que ilustra este escrito es el reparto de la película “La importancia de llamarse Ernesto“, de 2002, basada en la obra del gran Oscar Wilde. Me ha parecido que venía a cuento.

Si estás leyendo estas líneas, es que tienes un proyecto en mente. ¿Qué es, una empresa? ¿Una nueva línea de trabajo? ¿Un servicio? ¿Una idea de producto dirigida al público final? ¿Una marca??

No importa.

Lo que es seguro es que todavía no te has decidido por un nombre, y has pensado que tal vez puedas sacar de aquí algunas pistas. O puede que ya tengas un nombre pensado, pero te has dicho “venga, vamos a ver si cumplimos las 6 condiciones”.

Lo primero que quiero que tengas claro es que esto de los nombres es una cosa muy personal. Da lo mismo que se trate de empresas, productos o personas.

Todos conocemos el caso de alguien que tiene un nombre que la primera vez que lo oímos nos pareció espantoso.

Ursicinia, por ejemplo. Pobre chica, pensamos. Y eso que es muy mona.

Pero al conocerla resulta que Ursi es una fuerza de la naturaleza, todo un carácter. Lleva su nombre por bandera y ha conseguido que todos lo asociemos con su fuerza y simpatía. Y por lo tanto sintamos que Ursi es un nombre tan hermoso y fuerte como ella. Y por supuesto, inolvidable.

Quede claro que no conozco a ninguna Ursicinia, es solo un ejemplo. Pero seguro que esta historia te ha hecho pensar en alguien que sí conoces, ¿me equivoco?

A donde quiero llegar con toda esta historia es a que comprendas que en los nombres, como en otras muchas cosas, no hay reglas sin excepciones, ni condiciones “sine qua non” que se deban cumplir  sí o si.

 

¿Cómo? ¿Entonces me has engañado con el titular??

No hombre, no (¡o mujer!).

Voy a cumplir con lo prometido.

Te voy a contar 6 condiciones que debe cumplir un buen nombre. O no. Y es que no quiero que te obsesiones con ellas, así que también te voy a dar unos cuantos ejemplos de nombres de éxito que se han saltado a la torera una o varias de esas condiciones. O Todas. Y han conseguido que todos los conozcamos y los recordemos.

 

Vamos pues con las condiciones.

 

1. Un nombre debe ser único.

Tiene que ser original. Si tu proyecto es único, su nombre también tiene que serlo. Un nombre único y exclusivo permite que te identifiquen fácilmente. Si hubiera más empresas con el mismo nombre, los clientes se harían un lío.

Cuando digo único no digo que tenga que ser obligatoriamente inventado, como Kleenex. También puede ser una palabra que nadie antes ha utilizado como nombre o marca. Como Apple.

¿Está claro?

Pues no. ¿Cuantas empresas conoces que se llamen “Hermanos Martinez“? ¿O “Construcciones Burgos“, por poner un ejemplo? Un montón, seguro. Y en muchos casos, tener el nombre compartido no ha sido un problema. Así que ya sabes, tu nombre tiene que ser único, pero sin obsesionarse.

 

2. Un nombre tiene que ser corto.

Cuestión de economía. Cuanto más corto, más fácil de recordar.

Una sola palabra mejor que dos. Dos sílabas mejor que tres.

Está claro.

Entonces, ¿qué me dices de marcas como Abercrombie and Fitch, Fruit of the Loom o Kentucky Fried Chiken? Cortos no son, desde luego.

De acuerdo, esas son todas extranjeras. Hablemos entonces de Banco Santander, Iberdrola o Urbanización Lomas del Marqués.

 

3.Un nombre tiene que ser eufónico.

Toma palabro. Eufónico. O sea, que suene bien. Que sea agradable de oir y fácil de pronunciar. Simple.

Esta sí que parece una condición que ningún nombre de marca se debería saltar.

Y sin embargo, hay muchos que lo han hecho y han tenido éxito.

Ahí están por ejemplo Schweppes o Hägen-Dazs. Que la primera vez parece que te vas a hacer un esguince en la lengua. Pero han conseguido que todos nos hayamos aprendido el nombrecito.

 

4. Un nombre tiene que ser memorable.

Pensarás esto es consecuencia de los tres puntos anteriores, y tendrás razón.

Un nombre único, corto y eufónico es más fácil de recordar que si es todo lo contrario

Cierto.

Pero también te puedo asegurar que si has conseguido aprender a pronunciar “Napapijri” o “Champagne Veuve Clicquot“, va a ser muy difícil que se te olvide. Porque todo aquello que nos exige un esfuerzo se graba a fuego en la memoria.

Así que ya sabes, los nombres cortos y eufónicos tienen ventaja… ¡pero los largos impronunciables también!

 

5. Un nombre tiene que ser pertinente.

Un buen nombre debería tener algo que ver con la cosa nombrada.

Que haga referencia a alguna de las cualidades del producto, servicio o empresa. O a varias de ellas, ya puestos. Jamón Bonnatur. Bueno y natural.

Que sea evocador de la categoría de producto o de alguno de sus componentes. Cola-Cao.

Mejor aún, de su ventaja diferencial, aquello por lo que nuestro producto es mejor que el de los demás. Federal Express

Vale, aquí no voy ni a molestarme en buscar ejemplos de lo contrario. Casi ninguno de los que hemos citado en los puntos anteriores cumplen esta condición, excepto tal vez Kentucky Fried Chiken. Bueno, vale, también Construcciones Martínez.

 

6. Un nombre tiene que ser registrable.

Por ahí sí que no paso, dirás. Es impepinable, un buen nombre de marca tiene que ser registrable. ¡Tienes que conseguir tu marca registrada y tu dominio punto com!

Pues no. O más bien, depende.

Si tu proyecto va a tener una gran repercusión nacional o internacional si, es imprescindible que escojas un nombre de empresa o de marca que puedas registrar, y por tanto proteger.

Pero si tu proyecto es una pyme que ofrece un producto o servicio a nivel local, o te diriges a un nicho muy específico y limitado de clientes aunque sea en un ámbito territorial amplio, tal vez no sea necesario que te metas en gestiones y gastos. Al menos en una primera etapa.

Ten en cuenta que el nombre fiscal de tu empresa, el que debe figurar en las facturas y en la papelería oficial, puede ser distinto de la marca que utilices a nivel comercial. Has de preocuparte de que esa marca no entre en conflicto con otras marcas registradas, pero nadie te obliga a registrarla si no lo consideras necesario.

 

En conclusión:

Que sí, que un buen nombre tiene que ser único, corto, sonar bien, ser fácil de recordar, que tenga algo que ver con el producto y se tiene que poder registrar. Por supuesto.

Pero recuerda que tú (y los que formen parte del proyecto contigo) eres quien tienen que estar a gusto con el nombre y creer en él.

Y si tu producto o servicio es lo suficientemente potente no te preocupes, que los clientes aprenderán su nombre y aprenderán a amarlo. ¡Como a Ursicinia!

Por cierto, que si te está costando más de la cuenta encontrar un buen nombre para tu proyecto, siempre puedes recurrir a la ayuda de un profesional. Fíjate que sin ir más lejos, acabo de poner en marcha un servicio de naming que puedes contratar en esta misma web, basado en mi método de trabajo.

NameStorming, lo he llamado, ¿quieres conocerlo?

¿A qué estás esperando? Haz clic aquí para conocerlo todo sobre mi método para encontrar el nombre más adecuado para tu proyecto.

 

 

¿Y a ti, qué te parece?

¿Crees que hay condiciones que el nombre de un proyecto tiene que cumplir necesariamente? Cuéntamelo en los comentarios y cambiaremos impresiones 🙂

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